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Hace 80 años comenzaba a nacer La Cañada como se la conoce en la actualidad

La Cañada de Córdoba es el encauzamiento parcial del arroyo La Cañada que cruza de suroeste a norte la ciudad de Córdoba, Argentina. Se origina en el espejo de agua La Lagunilla, al suroeste, cerca del Valle de Paravachasca. Las aguas de La Lagunilla proceden de las lluvias en los faldeos de la Sierra Chica cordobesa. Sus aguas desembocan en la margen sur del Río Suquía.


En la cultura cordobesa, La Cañada refiere al encauzamiento (actualmente de unos 3 km de longitud) y no al arroyo en sí, que es más extenso, de unos 28 km de longitud. Esta obra representa uno de los íconos de la ciudad.


La sección actualmente encauzada y parqueada de La Cañada va desde la calle Tronador hasta la calle Humberto Primo, atravesando de sur a norte a la ciudad de Córdoba.
La construcción del calicanto (es decir, realizada con cantos rodados y cal) data de 1671, siendo el autor de esta obra Andrés Jiménez de Lorca, aunque nunca imaginó que se convertiría en un ícono de la ciudad y de sus habitantes.


La construcción actual es mucho más reciente, del año 1944. Sus características más sobresalientes son los diseños en piedra; surcada por numerosos puentes, es acompañada por enormes árboles en su mayoría de la especie tipa, que enaltecen y adornan este singular paseo.


Las enormes tipas blancas que hoy se aprecian fueron plantadas en la primavera de 1948, cuatro años después de haber sido inaugurada la canalización del arroyo. Por entonces, nadie imaginaba que se iban a transformar en una gran galería natural, en un ícono citadino.
Fornidas y frondosas, atraviesan el corazón de la ciudad de sur a norte, acompañando el recorrido del cauce del arroyo hasta su desembocadura en el río Suquía.


El tupido ramaje genera un túnel en gran parte de la avenida Márcelo T. de Alvear y continúa por avenida Figueroa Alcorta.
Los biólogos lo consideran un corredor verde, un de pulmón de la ciudad.
Los arquitectos dan cuenta de su jerarquía estética dentro del paisaje de la urbe, mientras que para el común de la gente es una de las “Siete maravillas de la ciudad”.
Hasta inicios del siglo XX La Cañada era de hecho el límite occidental de la ciudad argentina de Córdoba, más al oeste comenzaba una zona de arrabales conocida extraoficialmente como «El Abrojal». Pese a su aparente mansedumbre, desde siempre amenazó con sus crecidas a la ciudad.
En tiempos donde el clima castigaba con sus lluvias torrenciales este cauce tranquilo se transformaba en un río violento que en muchas ocasiones arrasaba con todo lo que se encontraba en su camino, hasta cobrarse en muchas oportunidades vidas humanas. Por este motivo el primer trabajo de encauzamiento fue el famoso «Calicanto» (murallones de cantos rodados soldados con cal) cuyo diseño y proyecto es debido a los jesuitas.
Pese a tal obra, hacia 1890 el arroyo se desbordó un día de madrugada, causando la muerte de unas 200 personas. Otra famosa tragedia sucedió en 1939, cuando su caudal arrasó con pavimento, ómnibus, muebles y animales, determinando así la construcción de las obras de encauce .
Desde entonces los cordobeses se preocupan por hermosear su trayecto. En la lucha por vencer a la naturaleza muchos integrantes de la sociedad cordobesa, de diferentes estratos culturales, comenzaron a proyectar la idea de una obra que canalice este arroyo. En el gobierno de Amadeo Sabattini se dieron los primeros pasos y el 4 de julio de 1944 se inauguró oficialmente, que hoy con casi 3 kilómetros decora la ciudad con un murallón de piedras con puentes que atraviesa a la ciudad lograron contener esta furia de agua y convertirse en un ícono de la cultura cordobesa.
Hoy, jalonada de puentes de piedra de aire románico, La Cañada es para Córdoba un espacio mítico, escenario de las andanzas de la temida “Pelada de la Cañada”, un famoso «aparecido» (fantasma) que mantuvo en vilo a los trasnochadores de fines del siglo xix y principios del xx.

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