Enrique Tierno Galván: acciones de
un alcalde ejemplo de administrador

OPINIÓN: POR IÑIGO AZURZA

PROCESO DE CONCIENTIZACION Y TRABAJO COMO ADMINISTRADOR DE UNA CIUDAD

Introducción
Enrique Tierno Galván (Madrid, 8 de febrero de 1918-Madrid, 19 de enero de 1986) fue un político, sociólogo, jurista y ensayista español, alcalde de Madrid entre 1979 y 1986.
Cursó el bachillerato en el Instituto Cervantes. Empezó sus estudios universitarios en la Universidad Central de Madrid, pero fueron interrumpidos por la Guerra Civil.
Tras sus experiencias juveniles durante la Guerra Civil, en la que militó en el bando republicano, inició su carrera política como figura de la oposición al franquismo desde la Universidad.
Durante los años cincuenta y setenta simbolizó el descontento primero y la rebelión después de parte de la comunidad universitaria.
Se doctoró en 1942, con 24 años, en la Universidad de Madrid, con la lectura de El tacitismo, una contribución al pensamiento político español, una tesis dirigida por Francisco Elías de Tejada.
Doctor en derecho, doctor en filosofía y letras, catedrático de derecho político desde 1948 hasta 1953 en la Universidad de Murcia, y desde 1953 hasta 1965 en la Universidad de Salamanca, fue en esta última donde aglutinó un núcleo de profesores y estudiantes, algunos de los cuales -como Raúl Morodo, Pablo Lucas o Fernando Morán- pasaron de discípulos a colaboradores políticos. Se le conocía también como el “viejo Profesor”, alusión cariñosa con la que ya se le había bautizado.
En las primeras elecciones municipales de la democracia (abril de 1979) se presenta a la alcaldía de Madrid. Aunque su partido no es el más votado (fue la UCD), una coalición con el PCE le da la alcaldía. Su popularidad como alcalde fue enorme, siendo reelegido en 1983.
Su labor como alcalde suscitó una extraña unanimidad a su favor, que fue más allá de su filiación política y su fama traspasó las fronteras del país llegando a presidir la Federación Mundial de Ciudades Unidas.
Madrid vivió en esos años un espectacular renacimiento de su vida cultural, artística y social, adormecida durante el franquismo, que se conoció como “movida madrileña” y que llegó a identificarse con la figura misma del “viejo Profesor” y su particular popularidad, que conectaba tanto con la juventud como con la tercera edad.
Hecha esta apretada introducción para reflejar brevemente la persona de Enrique Tierno Galván, primer alcalde de Madrid desde la recuperación de la democracia luego de la extensa dictadura franquista en España, intentaremos, a través de varias entregas, desarrollar su labor a imitar como Alcalde de Madrid, durante la que mediante bandos que comunicaba a los vecinos, en dos periodos de gobierno logró ordenar la desacatada conducta de los ciudadanos, educando, persuadiendo y haciendo comprender el sentido de respeto y convivencia que los ciudadanos (entre los que se incluye) deben guardar para lograr una ciudad limpia y ordenada.
Es sabido que en realidad la verdadera función de un alcalde (intendente para nuestro sistema político), es la de cumplir los preceptos para los cuales se ha postulado, esto es, administrar eficientemente la ciudad, mostrar diariamente su acción real sobre la misma.
Como el bando era un método de comunicación que utilizaba el rey, con algo de sorna apelando a su inteligencia y sentido respetuoso del humor, Tierno Galván utilizó este método para comunicarse con los ciudadanos colgándolos en lugares públicos para ser leídos. España no regresó a la República después de la dictadura, sino a una monarquía parlamentaria.
Como primera entrega, el siguiente es el Primer Bando escrito por la pluma del Alcalde Dr. Enrique Tierno Galván:
“Madrileños:
“La Villa de Madrid ha sido siempre ejemplo de convivencia cortés en un ambiente limpio. Circunstancias que todos los madrileños conocen, han ido estropeando nuestra Ciudad hasta el extremo de que los propios vecinos de Madrid se han hecho desidiosos en cuento atañe al cuidado de su Ciudad y, en algunos casos, en cuanto a dar ejemplo y mantener honestas costumbres. Los vecinos debemos contribuir con nuestro esfuerzo a que la Villa recobre la limpieza y decoro que siempre tuvo y siempre se la ha reconocido.
El trabajo que esto requiere y para el que pido la ayuda de cuantos en Madrid viven, debe principalmente, por ahora y hasta que el Ayuntamiento dé nuevas normas sobre calles y fachadas, a procurar que nuestros parques y jardines sean modelos de lugares limpios y apacibles, propios para el esparcimiento, el paseo tranquilo y el sosiego de espíritu. Por lo cual, requiero a los madrileños para que estén al cuidado y eviten dejar caer papeles y restos de cualquier clase en los caminos y praderas de los parques y jardines, y que a la vez cuiden de no pisar el césped…
Por consiguiente, y para que el cumplimiento de este bando se haga efectivo, se advierte que quienes lo infrinjan serán amonestados por los guardas públicos, y si insistieran en la infracción habrán de abonar la cantidad mínima que prevén las ordenanzas vigentes, por su imperdonable descuido y falta de educación cívica”.
“Madrid, 31 de julio de 1979”

Hasta la próxima nota, la que será también entregada con una breve introducción.

Iñigo Azurza

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