Se presenta Mestizo, teatro musical flamenco, este miércoles 7 en el Anfiteatro Municipal Luis Amaya

El Conservatorio de Música Juan José Castro y la Municipalidad de Río Tercero, a través de su dirección de Cultura a cargo de Mario Trecek, invitan al teatro musical «Mestizo», una obra del compositor cordobés Luis Pérez, este miércoles 7 de octubre, a las 20, en el Anfiteatro Municipal Luis Amaya.

Mestizo es una creación escénica musical que combina voces, piano, imágenes y elementos del universo flamenco en una propuesta diferente. La entrada tiene un bono contribución de 10.000 pesos. La instrumentación de la obra es piano, dos cajones flamencos, violín, dos tambores africanos, mandolina y castañuelas.

Esta función forma parte también de la última función del año de Sala Conser, un proyecto del Conservatorio de Música de Río Tercero para reunir fondos para construir su propia sala de música.
LA OBRA MUSICAL
Mestizo se inscribe en la tradición de búsqueda de nuevas formas operísticas, iniciada en los años ’60 en Alemania por Mauricio Kagel, entre otros.

Esta búsqueda de Pérez ha propiciado otros proyectos anteriores a lo largo de los años, como lo han sido: Requiem por el Arte, Papalagui, Oigo voces, Restos de Ópera y Cenando con Mozart entre otros, todos ellos con base en el cruce de músicas diversas, con o sin instrumentos, con voces no siempre líricas y, sobre todo, con planteos de escena fuera del marco de la ópera tradicional en teatros líricos.

Persiste en este sentido aquella búsqueda inicial de la generación de Kagel de desacralizar el concepto de ópera con un único tipo de voces y solo en teatros creados para ello. Esto es relevante ya que a partir de permitirnos los creadores pensar las formas operísticas fuera de los grandes teatros es que encontramos nuevas herramientas para mantener viva la forma pero con nuevos ropajes. Aquella ópera tradicional solo puede ser realizada en la actualidad con el sostén de instituciones tanto gubernamentales como privadas, ya que implican el concurso de grandes elencos y recursos económicos imposibles de afrontar fuera de esos contextos.
Por el contrario las nuevas formas de ópera, en especial las de formato camarístico, nos permiten continuar la tradición pero ahora con las posibilidades técnicas tanto en voces como en instrumentos, los repertorios y los ámbitos que cada creador quiera y pueda afrontar.
Por otra parte esta forma de ópera se materializa en un proceder por completo opuesto a la composición tradicional operística, consistente en poner en escena una obra escrita hasta en sus más mínimos detalles, dejando solo abierta la realización escénica de una música terminada.
Por el contrario aquí se plantea un desarrollo más cercano a las formas teatrales de ensayos a prueba y error, mediante lo cual el proceso se inicia llevando al ensayo una música escrita, en algunas ocasiones bocetada y en otras escritas con todo detalle.
Mestizo se inició con una audición de voces y presencias escénicas. Luego de eso Pérez comenzó a buscar músicas con un hilo conductor, que en todo hubiera algo del universo flamenco, con la aclaración casi obvia de que no somos cultores de ese género. Entonces uno intenta ser muy respetuoso de una cultura que apenas conoce, pero de la que se vale para tomar elementos, de igual manera que se podría haber tomado otro fenómeno cultural como soporte.
Luego comienza en los ensayos la búsqueda de sonoridades y de imágenes visuales a un mismo tiempo desde ideas pequeñas, propiciando los aportes de los músicos/actores hasta constituirse en una construcción grupal, donde tanto los solos como los acompañamientos pueden modificarse tanto como sea necesario para llevar cada escena a su plenitud.
El dispositivo escénico de Mestizo es un tablao flamenco, en donde se suceden escenas breves, cantadas a varias voces, muchas veces con solos y siempre acompañadas con piano y con todos los cantantes haciéndolo de memoria. La escena, en nada debe parecerse a un concierto coral.
En este sentido, a cada música le sucede la siguiente sin solución de continuidad, por medio de costuras escénicas que a menudo son diálogos con o sin música. Esta continuidad procura no cortar con aplausos cada fragmento a la manera de un concierto tradicional sino transformarla en un todo en forma de obra teatral.
En el repertorio conviven obras originales escritas para voces así como también músicas híbridas, en algunos casos compuestas y en otros arregladas por Luis Pérez, de modo tal que dialogan algunos de los fragmentos del Romancero gitano de Castelnuovo Tedesco, el texto de Yo digo que las estrellas, de Silvio Rodríguez pero con la música de Adela en el carrusel de Charly García, la Canción primaveral del brasileño Nibaldo Araneda, el tango Cuesta abajo, de Carlos Gardel en versión candombe con intervenciones de La saeta, de Joan Manuel Serrat, el Carnavalito del duende, del Cuchi Leguizamón sobre un fondo de música árabe, Malamente, de Rosalía y finalmente músicas del propio Pérez, entre otros autores.
La instrumentación de la obra es: piano, dos cajones flamencos, violín, dos tambores africanos, mandolina y castañuelas.
La escenografía prevé una mesa larga con mantel negro y 3 sillas alrededor, sobre fondo negro.
La utilería se compone de un mazo de cartas, una botella de vino, 3 vasos, una lámpara de mesa y objetos de mano, como abanico, espejo, etc.
El vestuario se integra con camisas y pantalones para los varones, vestidos o pantalones para las mujeres, con detalles de pañuelos, vinchas, botones, etc, todo en rojo y negro.
El escenario es una caja negra.
La iluminación es blanca, a giorno durante todo el espectáculo y en la cual la lámpara está encendida todo el tiempo. Un minuto antes del final, se apaga la luz de la sala y queda encendida solamente la lámpara en la mesa. El corte final es precisamente un apagón, único en todo el espectáculo, que se produce porque unos de los músicos apaga la lámpara.
La duración del espectáculo es de 60 minutos en un solo acto.
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