¿Qué hará ahora el peronismo local, que lleva 22 años sin gobernar y se quedó sin excusas electorales?

Los peronistas que advirtieron en qué situación se encuentra su partido a nivel local deben tener muchas preguntas. Quizá alcance con detenerse solo en la primera de ellas: ¿qué hacemos?, deben estar interrogándose.

Aunque para las elecciones municipales falten 20 meses, la maquinaria electoral está en marcha y no deben existir peronistas riotercerenses, al menos para quienes se perciban como tales, que no adviertan que se les terminó la principal excusa -para muchos peronistas era un argumento- que tenían para justificar su mala performance electoral.

Hace poco más de 22 años que el PJ no gobierna en la ciudad, desde que en diciembre de 2003 Carlos Rojo terminó su tercer mandato consecutivo.
Fue el propio Rojo el que perdió las elecciones de diciembre de 2002, a las que convocó un año antes de que venciera su mandato, cuando buscaba su cuarto mandato consecutivo sin advertir que su ciclo político estaba agotado. A tal punto era así que en esas elecciones fue tercero, detrás del radical elegido entonces, Luis Brouwer de Koning, y del vecinalista Juan Carlos Mussano.

«Rojo fue como una de esas grandes plantas que debajo suyo no dejó crecer nada», argumentaron los peronistas en las elecciones de 2007, cuando nuevamente fueron derrotados por el radicalismo. Puede que esa haya sido su primera excusa electoral, cuando en la provincia el peronismo no paraba de ganar con José Manuel de la Sota y con Juan Schiaretti, lo mismo a nivel nacional con Néstor Kirchner y Cristina Fernández.

En 2011, 2015 y 2019, participó con fuerza en la política local el radical disidente, convertido luego en juecista, Juan Pablo Peirone. Con el vecinalismo desfigurado después de un traspié político que tuvo Mussano, la figura de Peirone eclipsó al peronismo local como oposición.
Por esos años comenzó la segunda excusa electoral. Un dirigente peronista que permanecía en las oscuridades de la política boicoteaba al partido. Se decía que el presidente de la Cooperativa de Obras y Servicios Públicos de Río Tercero, Luciano Badino -fallecido el 26 de diciembre pasado-, apoyaba a Peirone en detrimento de su partido.
Y así los derrotados peronistas sostenían que en 2015, en 2019 y en 2023 Badino fue siempre un dirigente fuerte que trabajó para que el peronismo no fuera gobierno en la ciudad.
Quizá lo más cierto es que desde Rojo hasta la fecha no hubo un dirigente justicialista local con carisma para seducir al electorado, con carácter para manejar la tropa y con liderazgo para ser seguido por la militancia que pudiera representar decorosamente al partido. Menos para enfrentar a la fuerza del aparato oficialista y al liderazgo de Peirone.
Rojo hace años que no incide en la política partidaria local, y muestra es que tuvo un fallido intento por regresar, y Badino ya tampoco está en la escena electoral.
¿Qué hará ahora el peronismo no badinista que en los últimos años lo responsabilizó de sus malos resultados electorales?, ¿qué hará ahora el peronismo local, conducido por el exsindicalista Cristian Colman, que se hizo del partido ayudado por Badino?, ¿qué hará la militancia peronista sin referentes?, ¿cuál es la militancia pejotista local, que está en franco retroceso, como están los seguidores de cualquier partido político?, ¿quién se animará a ponerle el pecho a un espacio que en los últimos y varios años estuvo acusado de tener dirigentes que solo mantenían/mantienen negocios y kioscos políticos?
Con el fallecimiento de Badino se abre un nuevo e incierto panorama en el peronismo local. ¿Será la etapa de la tercera y gran excusa o llegará el momento -varias veces malogrado- de recuperar un partido político serio, con coherencia y con proyectos para la ciudad? Todas preguntas, ninguna respuesta a la vista.