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La emotiva carta con la que Marcos Tettamanti se despidió de la conducción de Fábrica Militar Río Tercero

La siguiente es la carta con la que Marcos Tettamanti se despidió de la conducción de Fábrica Militar Río Tercero, escrito que le compartió a Diario Río Tercero.


Fueron cuatro años y un poco más en los papeles, pero cualquiera que me conozca sabe que medir mi tiempo en Fabricaciones Militares Río Tercero con un reloj es imposible. Lo mío con la Fábrica es una vida entera. Por eso, haber tenido la oportunidad de devolverle un poquito de todo lo que me dio no es solo un logro de gestión; es una satisfacción que me va a quedar grabada en el alma para siempre.


Mi historia, la de mi identidad más profunda, está irrevocablemente ligada a FMRT. Yo nací, crecí y me formé en ese hermoso micromundo que es el Barrio Fábrica. Mis padres llegaron a Río Tercero desde lugares muy lejanos, cargando valijas llenas de ilusiones y poco más. Y fue la Fábrica la que los albergó, la que les abrió los brazos y les dio la oportunidad de echar raíces, de progresar y de construir una vida plena. Allí dejé mi infancia, mis amigos de siempre, los colores de mi club y mis mejores recuerdos. Visto a la distancia, ese barrio era una verdadera ciudad con alma propia. Quienes tuvimos la suerte de vivir esa época fuimos, sin dudas, unos auténticos privilegiados.


Por eso, miro hacia atrás y me estremezco. Haber trabajado en la planta ya era un orgullo, pero haber sido el Director de Fábrica Militar Río Tercero es, fue y será la mayor trascendencia de mi carrera profesional. Ni en mis sueños más optimistas, cuando caminaba de chico por esas calles de tierra, me hubiera imaginado que un civil surgido de sus propias entrañas terminaría conduciendo sus destinos. Me tocó a mí, y asumí esa enorme responsabilidad empresarial no solo con capacidad técnica, sino con el corazón en la mano y el respeto que se le tiene a un templo.


Sé que quien no haya respirado el aire de la planta no puede dimensionar lo que FMRT significa para los fabriqueros y para todo Río Tercero. Nuestra ciudad creció, progresó y latió al ritmo de sus sonidos, de sus movimientos, de sus horarios.
Aunque en estos días algunos parezcan tenerla un poco olvidada, la historia no se borra. Quisieron cerrarla, quisieron volarla, intentaron ningunearla… pero la Fábrica sigue allí, erguida, viva y resistiendo con terquedad y estoicismo cada embate de la historia y cada oleada política. Si hoy sigue en pie, es gracias a su gente. A esa gran familia trabajadora que, espalda con espalda, le puso el cuerpo a las desavenencias diarias de la política de turno y sus asociados para sostenerla.


Hoy me toca dar un paso al costado y me voy con el alma en paz. Tengo el convencimiento absoluto de haber dejado lo mejor de mí en cada decisión, cuidando el patrimonio de todos y el futuro de la región. Me llevo el tesoro de haber comandado a personas valiosas, profesionales íntegros que me apuntalaron y creyeron en mi gestión; a los otros… que Dios y la Patria los juzguen.
Mi compromiso no termina con un escritorio vacío. Siempre estaré a disposición para lo que mi querida FMRT necesite, desde el lugar que me toque estar. Seguiré luchando con todas mis fuerzas para que la bandera de Fabricaciones Militares continúe flameando bien alto en el cielo argentino, custodiando la soberanía nacional tal como lo proyectó la gran visión estratégica del General Savio.
Te quiero mucho, mi Fábrica Militar. Sos la madre de la industria local, la gran impulsora de nuestro pueblo y, pase lo que pase, siempre serás mi lugar en el mundo.

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