Hay sirenas que nunca dejan de sonar
3 de noviembre de 1995 – 3 de noviembre de 2026
Por Jorge Alacevich – Escritor, exbombero voluntario de Río Tercero


31 años después…
Hay fechas que uno recuerda. Y hay fechas que jamás se fueron de nuestra vida.
El 3 de noviembre de 1995 es una de ellas.
Aquel día, Río Tercero cambió para siempre. Y quienes estuvimos allí también.
Yo era bombero voluntario de mi ciudad.
Recuerdo cada instante de aquella mañana. La primera explosión. El toque de sirena. Mi llegada al cuartel. La salida en los móviles. El camino hacia Fábrica Militar.
Eran aproximadamente las 9:00 horas.

En el viejo Móvil 11, Abel, Javier, Gustavo y yo ingresábamos por una de las porterías de Fábrica Militar.
En el viejo Móvil 8, Sergio, Dussan y Gerardo.
Éramos siete.
Pero siempre digo que entramos ocho… porque Dios nos acompañó.
Fue nuestro bautismo de fuego.
Y también de compañerismo.
De ayudarnos unos a otros. De mirarnos y entendernos sin necesidad de demasiadas palabras.

¿Miedo? ¡Claro que tuvimos miedo!
Pero una cosa es tener miedo y otra muy distinta es dejarse vencer por el pánico.
No sabíamos qué nos esperaba. Tampoco sabíamos si regresaríamos.
Y, sin embargo, allí estábamos.
No voy a hablar de heroísmo. Nunca me gustó hacerlo.
Éramos bomberos voluntarios. Compañeros. Seres humanos que, aquella mañana, hicieron lo que entendían que debían hacer.

Hay momentos que quedan grabados para siempre. Hay sonidos que uno sigue escuchando después de muchos años. Y hay compañeros que, aunque el tiempo pase, continúan viviendo en nuestra alma.
Mi mayor premio es poder contarlo.
Mi mayor dolor es recordar a aquellos civiles que partieron en un viaje que jamás decidieron emprender.
Ellos no eligieron aquella mañana. No eligieron aquel destino. No pudieron regresar a sus hogares.
Y eso duele.
Duele hoy como dolía entonces.

Aquel mismo 3 de noviembre de 1995 escribí unas palabras que titulé APOCALIPSIS.
Hoy vuelvo a leerlas.
Y me encuentro con aquel bombero, con sus miedos, con sus preguntas, con sus compañeros y con una ciudad herida.
Han pasado 31 años.
La vida siguió. Nosotros seguimos. Pero no todo quedó atrás.
Porque hay recuerdos que no necesitan fotografías para permanecer vivos.
Hay abrazos que todavía se sienten.
Hay compañeros que siguen caminando a nuestro lado, aunque sea en la memoria.
Y hay ausencias que ninguna cantidad de años puede llenar.
Hoy mi recuerdo es para las víctimas, para sus familias, para mis compañeros y para todos aquellos que vivieron aquella jornada que marcó para siempre la historia de Río Tercero.
No pretendo que me llamen héroe.
Solamente agradezco haber regresado.
Porque no todos los que regresamos de aquel infierno volvimos siendo los mismos.
Y porque, después de 31 años, todavía puedo decir:
Entramos siete… pero fuimos ocho.
La vida sigue.
Los recuerdos permanecen.
Y hay sirenas que nunca dejan de sonar en el alma.
Jorge Alacevich
Bombero Voluntario de Río Tercero.
En memoria de las víctimas del 3 de noviembre de 1995.