Gaslighting

OPINIÓN – POR RODOLFO LEMOS
La palabra deriva de la obra de teatro de Patrick Hamilton, de 1938: Gas Light.
Allí el esposo procura volver loca a su mujer, por codicia. El marido la acusa de bajar la intensidad de las luces de gas (propias de la época). Quien en realidad apaga las luces es el marido y con el propósito de que su mujer crea que está loca y que padece lagunas de memoria. SIGUE ABAJO


Hoy lo conocemos como una técnica siniestra de manipulación y abuso, usada por un psicópata para destruir la percepción de la realidad que otra persona tiene. SIGUE ABAJO

Se procura que la víctima descrea de su propia capacidad para percibir la realidad, dude de su propio juicio crítico y acepte que su única forma de saber qué está pasando en la realidad es la descripción del mundo que el agresor le transmite. SIGUE ABAJO

El agresor da por sucedidos hechos que nunca ocurrieron, se escenifican situaciones inusuales para desorientar el juicio de la víctima. En definitiva, a este abuso psicológico que procura que alguien cuestione su propia percepción de la realidad, se lo llama gaslighting. Traducido a nuestro lenguaje político diario, el gaslighting consiste en la imposición abusiva de un relato. SIGUE ABAJO

El que agredió, grita que fue agredido. El que viola la ley, grita que quien actuó de modo ilegal fue el policía que lo detuvo.
Es habitual que en un juicio penal, quien acusa nos dé su versión de lo ocurrido, quien se defiende diga que los hechos fueron diferentes, y que finalmente el juez procure llegar a definir la verdad. SIGUE ABAJO


Pero Gaslighting es más que contar tu versión. No es solamente hacer pasar gato por liebre, sino destruir la fe del oyente en su propio juicio crítico, castrarlo, con el fin de volverlo maleable, blando, dependiente, que trague sin filtros lo que el psicópata le dice. SIGUE ABAJO


Los estados previos de miedo, enojo o euforia, estados mentales en los que hay poco razonamiento y mucha emoción, son el campo fértil para el abusador. Por eso, el abusador procura mantener a las mayorías en un continuo estado de miedo, ira o euforia. “Movilizadas”. Por eso, mantener encendidos los enfrentamientos de pobres contra ricos, mujeres contra varones, hijos contra padres, alumnos contra docentes, empleados contra empresarios, planeros contra empleados, ateos contra creyentes, madres contra bebés en gestación, pañuelos verdes contra pañuelos celestes, policías y manifestantes, argentinos contra ingleses, pueblo contra FMI, juega a favor del abusador, del titiritero, del que nos hace gaslighting. SIGUE ABAJO

Y si no hay hechos nuevos de dolor, se mantienen vivos y presentes hechos del pasado, como el famoso bombardeo a Plaza de Mayo de 1955, que hacen arder el corazón. SIGUE ABAJO
“Ellos nunca fueron y nunca serán democráticos” es una frase que deja fuera del sistema de gobierno a la mitad de los argentinos, en el presente y en el futuro. Todo lo contrario a la frase “donde haya discordia, ponga yo unión”. Pasar de la amenaza agresiva del “que quilombo se va a armar” a la victimización, luego de nuevo a la gritería, insultos, empujones, con 20 policías heridos y ningún herido de los manifestantes, pero denunciar después una represión atroz, continuidad del terrorismo de estado, son justamente la herramienta pendular de quien no quiere que razonemos y busca que dudemos de nuestra percepción de la realidad. Gaslighting.
Al abusador, se suman otros solo se sienten vivos, eufóricos, en medio del caos y la violencia. La foto de la sonrisa de Grabois en Recoleta, es elocuente. Es su pasión. Es un deseo intenso de vivir una pueblada, propia quizás de quien vio cien veces las filmaciones en blanco y negro del Cordobazo y tiene nostalgia de la adrenalina de los autos incendiados, las balas y los gritos. SIGUE ABAJO

Los dramas reales como el hambre de niños abandonados, vidas destruídas por la droga, la decadencia argentina, la desigualdad y la desesperanza del desocupado, no se arreglan con escupir y golpear a un cordón policial, tirar bengalas y bombas de estruendo. SIGUE ABAJO

Mientras tanto, asombra la foto surrealista de Massa que, en simultáneo, se reúne con los embajadores del G7 para pedir inversiones. Ni Alemania se arregla matando judíos como Hitler decía, ni Argentina se arregla tomando el barrio a los chetos de Recoleta o derramando sangre de agentes de policías.
Argentina se arregla con muchos años de trabajo duro, educación y guardapolvos blancos sin adoctrinamiento, paz, respeto, amor sincero por el que sufre, sin patotas, sin griterío, sin odios entre argentinos, sin sangre y sin jubilaciones y pensiones de privilegio de 4 millones de pesos por mes.
Y sin matar a niños en el vientre de sus madres, derogando la inicua ley de diciembre de 2020.
Rodolfo Lemos Angulo





