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En 2015 fallecía Miguel Iriarte; quién fue y qué éxitos tuvo este referente del teatro cordobés

El 12 de septiembre de 2015 fallecía en Córdoba el referente del teatro cordobés Miguel Iriarte, a los 79 años.
Fue autor de obras emblemáticas del género costumbrista como “Eran cinco hermanos y ella no era muy santa”, “San Vicente SuperStar” y “Quince caras bonitas quince”.
Había nacido el 12 de diciembre de 1936 en barrio San Vicente de la ciudad de Córdoba y durante sus últimos años residió en Agua de Oro, en las Sierras Chicas.
“El negro” Miguel Iriarte, como lo llamaban en el teatro y en la vida, se fue luego de varias complicaciones derivadas de la diabetes.
Hombre de barrio, supo reconocer en la pobreza las grandezas de su pueblo. Llevó a escena personajes que lo hicieron trascender: primero Carlos Paz y luego Buenos Aires, hizo récord de entradas con tonada cordobesa.
Antes de partir fue reconocido con el premio provincial de teatro y una de sus obras más reconocidas estuvieron en la cartelera del Festival “Pensar con Humor”, en el teatro Real. “Eran cinco hermanas y ella no era muy santa”, versión libre de David Picotto estuvo en la apertura en la edición 2015.
Fue uno de los más importantes referentes de la actuación cordobesa, autor, director y actor del Teatro Popular Cordobés.
Comenzó actuando con Lisandro Selva, Alberto Ure, pero luego empezó a encontrar su camino con «Quince Carbonitas Quince», «San Vicente Super Star», «Ruta Bar», «Una familia tipo», «Eran cinco hermanos y ella no era muy santa», entre otras obras teatrales que ya son clásicas no solo en Córdoba sino en todo el país.
El historiador Efraín U. Bischoff se refirió a él como hombre que «vivió su niñez de pobreza con dignidad y sintió el palpitar del corazón del pueblo». Ese sentimiento y observación fueron los ingredientes de todas sus obras, supo como nadie lograr que la gente del barrio se sienta identificada.
“Miguel Iriarte es un hombre de barrio. De San Vicente. Vivió su niñez de pobreza con dignidad y sintió el palpitar del corazón del pueblo. No hay para qué ponerle afeites distintos a una realidad auténtica que, por serlo, vale mucho más. El corso de la «república» sanvicentina; el viento agrio del cercano matadero, el recuerdo aún no difuso del tranway tirado por caballos pero ya reemplazado por el eléctrico; el rasgar de las cuerdas guitarreras de noches de serenata; la vida humilde donde no faltaban las chispas de alegría y nieblas de pesares; la reunión esquinera de los muchachones en el atardecer, con sus dichos confianzudos y muchas veces ingenuotes. Así, todo un mundo muchas veces extraño, angustiante o lleno de alborozos, de gestos con amistades perdurables o de las balandronadas de los cuchilleros acostumbrados a imponer su autoridad comiteril a fuerza de presencia o de tajos. Ese universo fue visto por Miguel Iriarte. Estaba en sus ojos y en su corazón. No sabía de la técnica con que se armaba una obra teatral, y las primeras lecciones las tuvo al asomarse a las veladas de los «cuadros filodramáticos» o a los fines de las funciones de los circos, donde ya habían comenzado a agonizar los pasajes de Juan Moreira, Hormiga Negra, Juan Cabello…
Un día, con pocas letras, pero con tremenda emoción brotándole por todos los poros del alma y del recuerdo, reflejó a su barriada. Así nació «San Vicente Super Star».
Cuando la sorpresa del éxito le dejó más claro el camino, no se aquietó. Tiene hasta ahora la impaciencia de los creadores. Y si en «15 caras bonitas» intentó cierto paso revisteril, «Una familia tipo», «Las Gallegas», «Eran cinco hermanos y ella no era muy santa», «El guante», «El trueque» y otras producciones escénicas fueron dando nervadura más firme a su obra autoral.
La crítica ha dicho a través de avezados catadores de las excelencias o los desvíos, el elogio acerca de las producciones de Iriarte, lo que nunca significó esconder las reticencias.
Miguel Iriarte no aspiró sino a espejar su pueblo, el suburbano, el «orillero» para las gentes del «centro» cordobés, y en casi todas sus piezas acertó con la fórmula del éxito” (Efraín Bischoff).

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