En 1989 quedaba imputado por el robo de joyas a la Catedral de Córdoba, Pablo Nores Bodereau
El 23 de enero de 1989 Pablo Nores Bodereau quedaba imputado por defraudación por el robo de obras de arte de la Catedral de Córdoba.
Las piezas habían sido vendidas irregularmente al coleccionista Horacio Porcel.
El texto que a continuación se reproduce fue publicado en la edición de La Voz del 29 de junio de 2008.
“Venite ya que explotó todo”. Era enero de 1989. El sacerdote, una de las máximas jerarquías del Arzobispado de Córdoba, llamó por teléfono al abogado de la curia, Ernesto Gavier, y le rogó que interrumpiera sus vacaciones en Pinamar.
Hacía cinco meses que monseñor Raúl Francisco Primatesta, la máxima autoridad religiosa de la provincia, sabía de la existencia de una denuncia que pondría patas arriba a la diócesis. Imposible evitar que trascendiera. El 5 de ese mes la tapa de La Voz sacó a la luz el caso que marcaría la historia del expolio de obras de arte en Argentina. Tituló: “Investigan robo de joyas del tesoro de la Catedral”. A partir de ahí se abrió la puerta a una historia sorprendente.
El caso trascendió las fronteras argentinas de inmediato y fue revestido con un envoltorio escandaloso que sacudió a tres ambientes caracterizados por la discreción o el secreto: la Iglesia Católica, la pequeña tribu de coleccionistas, marchands, orfebres y anticuarios, y el universo de las familias tradicionales de Córdoba.
El episodio que determinó que las ventas de bienes de la Catedral se hicieran públicas ocurrió en el baño de un local de calle Obispo Trejo, donde dos anticuarios cordobeses encerraron y le dieron una paliza a Pablo Nores Bodereau hasta producirle una fractura en un brazo.
“Lo acusaban de haberles mejicaneado una antigüedad que habían ido a ver los tres juntos en una casa en el campo”, contó un religioso que escuchó la historia de boca de los anticuarios.
“Como Nores les metió una denuncia penal por lesiones, ellos se tomaron revancha y lo denunciaron ante el Arzobispado por el robo de las joyas a la Catedral”, confirmó un amigo de los denunciantes. Eso habría ocurrido en setiembre de 1988.
Nores Bodereau era uno de los 14 hermanos de una familia soldada a la Iglesia y a la historia cordobesa. El bisabuelo de Pablo fundó el diario católico Los Principios; su abuelo fue miembro de la logia católica Corda Frates y rector de la UNC depuesto por la Reforma Universitaria de 1918; su padre fue interventor de facto de Córdoba en 1962; su tío embajador en Chile y otro de sus parientes creador de la raza de perros dogos.
Pablo apareció como el miembro discordante de la familia y expuesto como uno de los cerebros del “robo” a la Catedral. Cuando el caso salió a la luz, otro pariente, su primo José Cafferata Nores, era ministro de Gobierno en la administración de Eduardo Angeloz.
Los tres principales bienes, la mesa, el báculo y la custodia, fueron vendidos a Horacio Porcel, uno de los mayores coleccionistas argentinos.