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En 1931 nacía el Premio Nobel de la Paz argentino Adolfo Pérez Esquivel

EFEMÉRIDE – POR JORGE ALACEVICH

El 26 de noviembre de 1931 nacía en Buenos Aires el arquitecto Adolfo Pérez Esquivel, activista, profesor, escultor y pintor argentino, destacado como defensor de los derechos humanos y del derecho de libre autodeterminación de los pueblos, defensor de la resistencia proponente de la teología de la liberación.
En 1980 recibió el Premio Nobel de la Paz por su compromiso con la defensa de la Democracia y los Derechos Humanos por medios no violentos frente a las dictaduras militares en América Latina.
En su discurso de aceptación le afirmó al mundo que no lo asumía a título personal, sino «en nombre de los pueblos de América Latina, y de manera muy particular de mis hermanos los más pobres y pequeños, porque son ellos los más amados por Dios; en nombre de ellos, mis hermanos indígenas, los campesinos, los obreros, los jóvenes, los miles de religiosos y hombres de buena voluntad que renunciando a sus privilegios comparten la vida y camino de los pobres y luchan por construir una nueva sociedad».
Fue presidente del Consejo Honorario del Servicio Paz y Justicia América Latina, presidente ejecutivo del Servicio Paz y Justicia Argentina, de la Comisión Provincial por la Memoria de Buenos Aires, de la Liga Internacional por los Derechos y la Liberación de los Pueblos, de la Academia Internacional de Ciencias Ambientales, de la Fundación Universitat Internacional de la Pau de San Cugat del Vallés (Barcelona, España), y del Consejo Académico de la Universidad de Namur, Bélgica.
Nació el 26 de noviembre de 1931 en Defensa y Humberto Primo, pleno corazón del barrio San Telmo de la ciudad de Buenos Aires, Argentina.
Su padre, Cándido Pérez González, nacido el 30 de septiembre de 1877, era un inmigrante español que trabajaba de pescador en Combarro, provincia de Pontevedra, por lo que, como muchos argentinos, posee ascendencia gallega.
Al no poder mantener reunida a la familia, su padre decidió buscar ubicación para sus cuatro hijos. Buena parte de su infancia la vivió como pupilo en el Patronato Español de Colegiales (ciudad de Buenos Aires) luego de que su padre regresara a España. Fue en ese momento cuando comenzó su amor hacia la escultura y también allí aprendió a tallar la madera.
Igualmente vivió un tiempo con su abuela Eugenia, que hablaba guaraní pero casi nada de castellano, en Haedo, Provincia de Buenos Aires. De ella aprendió mucho sobre la historia y la tradición de los pueblos nativos de América. Luego volvió a reunirse con su familia y todos se fueron a vivir a una casa del barrio de San Telmo donde culminó el tramo fundamental de su educación primaria con los Franciscanos, en el colegio que la orden regentaba en la ciudad de Buenos Aires.
Estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes Manuel Belgrano, que en ese momento estaba en la calle Cerrito, cerca de Retiro. Escuela en la cual después sería profesor.
La etapa de adolescente fue particularmente activa en los grupos juveniles preocupados por insertar su inclinación cultural en la realidad. Él mismo recuerda: «Tratábamos de hacer exposiciones, ir a las barriadas, hacer participar a los chicos. Hicimos muestras en fábricas y tratamos de que los obreros comenzaran a expresarse, a hacer sus propias obras».

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