En 1767 eran expulsados los Jesuitas, dejando un gran legado patrimonial en la provincia
EFEMÉRIDE – POR JORGE ALACEVICH

El 12 de julio de 1767, por orden del rey de España Carlos III, la Compañía de Jesús era expulsada de las colonias españolas.
En Córdoba el procedimiento estuvo a cargo de Fernando de Fabro, quien actuó con violencia y desmesura en la ejecución de la orden real.

La Compañía de Jesús fue creada por el papa Paulo III en 1540. Se convirtió en una de las órdenes católicas más importantes. En el lapso comprendido entre 1599, año de su llegada a Córdoba, y 1767, cuando se produjo la expulsión de la orden por el rey Carlos III de España, los jesuitas establecieron un sistema cultural y social que marcó el desarrollo de la provincia.

La expulsión de los jesuitas en 1767 significó, en el caso de Córdoba, una reestructuración de la propiedad de la tierra y un negocio muy lucrativo para el sector de la elite local que se apropió de las prósperas estancias que habían sido propiedad de la Orden.

La Compañía de Jesús estableció un sistema cultural-social único en la América hispana que marcó el desarrollo de la provincia. El sistema, centrado en la Ciudad de Córdoba, se organizó alrededor de las empresas educativas y espirituales de la Compañía, dando origen al Colegio Máximo en 1610, a la Universidad en 1622, al Colegio Convictorio de Nuestra Señora de Monserrat en 1687 y al Noviciado, que son los puntos destacados de lo que se conoce como “Manzana Jesuítica”.

Para asegurar el sustento económico de esos emprendimientos, se organizó y consolidó un sistema de estancias, establecimientos rurales productivos situados en el interior de la provincia. El carácter único de estos testimonios patrimoniales ha sido reconocido por la UNESCO, que a fines del año 2000 ha declarado al “Camino de las Estancias Jesuíticas” y a la “Manzana Jesuítica” como “Patrimonio de la Humanidad”. Las estancias fueron Caroya (1616), Jesús María (1618), Santa Catalina (1622), Alta Gracia (1642), La Candelaria (en 1678) y San Ignacio (1725), esta última fuera de la declaración de la UNESCO. Para recorrer este circuito, se ha creado recientemente un “Camino de las Estancias Jesuíticas”, que permite descubrir en forma ordenada estos valores únicos.

A MODO DE EJEMPLO
Los inicios de la estancia Caroya se remontan a 1616. Inicialmente funcionó como un predio con producción de maíz y trigo para financiar al Real Colegio Convictorio de Nuestra Señora de Monserrat. Luego fue sede de la primera fábrica de armas blancas durante la Guerra de la Independencia Argentina (por sus instalaciones pasaron José de San Martín y Manuel Belgrano), el correo postal y la residencia de inmigrantes friulanos. Además de la residencia principal, se conservan la capilla, el perchel, el tajamar, los restos del molino, las acequias y el área dedicada a la quinta.

La Manzana Jesuítica comprende la Iglesia de la Compañía, la Capilla Doméstica y la Residencia de los padres; el Rectorado de la Universidad Nacional de Córdoba (antiguo Colegio Máximo), incluyendo sus dependencias administrativas (Claustro, Salón de Grados y Biblioteca Mayor); y el Colegio Nacional de Monserrat.
En estas construcciones se condensan algunas de las máximas expresiones del arte barroco en Latinoamérica, como es el caso de las bóvedas pintadas y los retablos de ambos templos. Todo el conjunto ha sido declarado Monumento Histórico Nacional y Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.