Cuando la memoria termina en la basura
OPINIÓN – POR JORGE ALACEVICH – SOBRE LOS LIBROS QUE TIRÓ A UN CONTENEDOR EL MUSEO HISTÓRICO NACIONAL

Por Jorge Alacevich, escritor, impulsor de la iniciativa cultural Kosquio Prestalibros

Hay imágenes que explican una época mejor que cualquier discurso.
Libros y catálogos vinculados al Museo Histórico Nacional fueron encontrados dentro de un contenedor de residuos en la calle Defensa, en Buenos Aires. Las autoridades reconocieron un error en el procedimiento utilizado para despejar material del stock de la tienda y solicitaron recuperar los ejemplares.

Las explicaciones podrán aclarar lo sucedido. Pero queda una imagen difícil de ignorar: libros dentro de un contenedor.
Y duele, no solamente por el valor de cada ejemplar, sino por lo que representa.
Un museo es una institución a la que una sociedad confía parte de su memoria. Y un libro es mucho más que papel impreso: guarda pensamiento, testimonios e historias destinadas a quienes vienen después.

Quizás aquellos ejemplares estaban repetidos. Quizás sobraban o ya no había espacio para conservarlos. Pero entonces aparece una pregunta inevitable:
¿No había otro destino posible?
Bibliotecas populares, escuelas, centros culturales, clubes y espacios comunitarios seguramente podrían haberlos recibido.
Porque cuando un libro deja de ser necesario en un lugar, no significa que haya terminado su vida. Puede comenzar otra en las manos de un nuevo lector.

El episodio debería servirnos para pensar qué hacemos con aquello que aparentemente ya no necesitamos.
Una sociedad también se define por lo que decide conservar y por la manera en que entrega aquello que ya no puede conservar.
Un libro puede quedarse sin espacio. Lo que nunca debería quedarse es sin la posibilidad de encontrar otro lector.
