Córdoba – La inflación baja, pero hay que ganar cada vez más para no ser pobre: casi $2.000.000 por mes

La inflación en Córdoba continúa desacelerándose, pero eso no es un alivio para la gran mayoría de los habitantes de esta provincia, dado que hay que ganar cada vez más para no caer en la pobreza, o para salir de esa situación, con ingresos que están prácticamente congelados.

El Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas del Centro de Almaceneros informó que el índice de precios al consumidor de junio fue de 1,87%, el menor registro de los últimos 11 meses y el primero de 2026 que perfora el umbral del 2%.
El dato representa una nueva reducción respecto de mayo, cuando la inflación había sido de 2,4%, y consolida una tendencia descendente que comenzó después del pico de marzo, cuando el indicador alcanzó 3,3%.
Desde entonces, la trayectoria fue de 2,63% en abril, 2,4% en mayo y ahora 1,87% en junio.

El informe atribuye esta desaceleración a dos factores principales. Por un lado, una menor incidencia de los ajustes tarifarios en los servicios públicos. Por otro, el comportamiento del rubro Alimentos y Bebidas no Alcohólicas, el de mayor peso dentro del índice, que aumentó 1,7%, apenas por debajo del índice promedio de aumentos, su menor variación desde julio de 2025.

Dentro de ese capítulo hubo un elemento determinante. La carne vacuna prácticamente no registró aumentos durante junio e incluso algunos cortes mostraron bajas cercanas al 2%, lo que ayudó a contener el valor de la Canasta Básica Alimentaria y del índice general.
Con el resultado de junio, la inflación acumulada del primer semestre llega a 16,9%, mientras que la variación interanual alcanza 33,1%.

El IETSE proyecta que, si las condiciones macroeconómicas actuales se mantienen, el año podría cerrar con una inflación cercana a 30,5%, una estimación inferior a la que realizaba apenas un mes atrás, cuando calculaba un cierre de 33,5%.
ADVERTENCIA
El informe incorpora, sin embargo, una advertencia. Señala que durante julio será determinante seguir la evolución del mercado cambiario, ya que eventuales movimientos del dólar podrían trasladarse rápidamente a los costos de producción y reposición, especialmente en alimentos, interrumpiendo la trayectoria descendente observada en los últimos meses.
CASI $2.000.000 PARA NO SER POBRE
La desaceleración de los precios tampoco modificó el costo de vida de las familias. La línea de pobreza volvió a incrementarse y alcanzó en junio $1.957.700 para un hogar tipo de cuatro integrantes, dos adultos y dos niños.
Un mes antes había sido de $ 1.921.763 pesos. La línea de indigencia también aumentó hasta $1.070.289, frente a los $1.052.191 registrados en mayo.
Los indicadores sociales muestran un panorama con pocos cambios respecto del mes anterior. El 56,6% de los hogares afirmó no haber podido cubrir la Canasta Básica Alimentaria, es decir, no llegan a comprar los alimentos para cubrir las necesidades de un mes, por lo que se encuentran por debajo de la línea de indigencia.
En mayo esa proporción había sido de 57%, lo que refleja una estabilidad en niveles muy elevados de vulnerabilidad.
Entre quienes sí consiguieron acceder a esa canasta, el 71,2% necesitó asistencia estatal para lograrlo. El porcentaje resulta apenas inferior al 72% informado el mes anterior y confirma que buena parte de las familias depende de programas públicos para garantizar el acceso a los alimentos básicos.
El resto de los indicadores prácticamente no mostró modificaciones. El 11,4% de los hogares redujo su alimentación a una sola comida diaria o atravesó episodios de hambre. El 21,6% necesitó pedir alimentos o asistencia económica. El 21,8% declaró haberse quedado sin comida en algún momento del mes.
El 32,4% aseguró haber sentido hambre sin poder satisfacerla por falta de recursos. Más de la mitad de las familias, el 53,2%, eliminó alguna comida diaria, principalmente la cena.
FINANCIAMIENTO
Uno de los datos más llamativos aparece en la forma de financiar la alimentación. El 89% de los hogares recurrió a tarjetas de crédito, compras fiadas o dinero prestado para adquirir alimentos. Del total, el 39,3% compró al fiado, el 38,4% utilizó tarjetas y el 11,2% tomó dinero prestado. Apenas uno de cada diez hogares pudo afrontar esas compras únicamente con ingresos propios.
El informe también advierte sobre el deterioro del financiamiento informal. La morosidad en las ventas fiadas ya alcanza 28% y la incobrabilidad llegó a 17,7%, una situación que afecta tanto a las familias como a los pequeños comercios de cercanía.
En materia de actividad económica aparecen algunos signos de estabilidad, aunque todavía dentro de un escenario recesivo. Las ventas minoristas de alimentos cayeron 8,6% interanual en volumen. El dato mejora levemente respecto de mayo, cuando la baja había sido de 8,8%, aunque continúa reflejando una demanda interna muy debilitada.