Efeméride del 7 de febrero – El asesinato de Antonio Muscat
Por Jorge Alacevich

En Argentina, miembros del grupo armado Montoneros asesinan a Antonio Muscat, directivo de la fábrica Alba.
Montoneros fue una de las organizaciones guerrilleras que surgieron y ganaron protagonismo entre las décadas de 1960 y de 1970 en Argentina, al calor de las revueltas e insurrecciones populares contra los gobiernos militares que se sucedieron entre 1966 y 1973 en el país.
Fue una organización guerrillera peronista de corte terrorista de Argentina. SIGUE ABAJO

POR QUÉ SE LLAMABAN MONTONEROS
En la historia argentina se llamó montoneras a las unidades militares de extracción rural, generalmente de caballería, conducidas por los caudillos locales, que participaron en las guerras civiles argentinas del siglo XIX. SIGUE ABAJO
QUIÉN ERA MUSCAT
El último gesto de vida de Antonio Muscat, segundos después de recibir una lluvia de plomo, es esta lágrima furtiva que le cruza el rostro final, tendido sobre la vereda ensangrentada.
Nació en Dock Sud, provincia de Buenos Aires. Provenía de una humilde familia de inmigrantes malteses y se casó con una bella croata de tres nombres a quien todos llamaban Beba. SIGUE ABAJO

Esa mañana del 7 de febrero de 1975 gobernaba Isabel Perón, y había un sol radiante. Muscat, como todos los días, se levantaba temprano, salía a hacer flexiones y ejercicios de respiración, se duchaba y despertaba a Beba: siempre se sentaba a su lado en la cama y le cebaba unos mates. SIGUE ABAJO

Luego cargaba a dos hijas en su Ford Falcon y cambiaba su itinerario de rutina, puesto que debía dejar a una de ellas en la estación de trenes. «Apurate que tengo varios coches atrás», le decía. SIGUE ABAJO

En la barrera Rodolfo López un coche le frena a Muscat por la retaguardia, y otro se adelanta y se le pone a la par. El contador entiende que algo grave está por suceder, porque comienzan a sonar dos sirenas. La barrera se alza y él pisa el acelerador.
Pero a los pocos metros un tercer auto sale de la nada y lo bloquea, y lo encierran hacia la derecha. De ellos surgen nueve tipos armados con ametralladoras y le arrojan gas pimienta.
La otra hija de Muscat baja aturdida y se refugia por un instante detrás del Falcon, y Antonio parece alejarse de ella quizá porque intuye que van a rociarlo de muerte, y no quiere que las balas la alcancen.
Los asesinos se concentran en él: uno de los proyectiles le entra por el brazo, le atraviesa el tórax y le toca el corazón.
Cuando se acerca, su hija lo ve caído y por el rabillo del ojo divisa a los nueve homicidas, que regresan a sus coches con las ametralladoras humeantes. Es en ese instante de conmoción cuando observa que aquella lágrima solitaria y última surca la cara de su padre.