Pintadas en Córdoba – Entre la libertad, el vandalismo y el país de las maravillas

Por Jorge Alacevich – Escritor

Hay cosas que uno observa, intenta comprender y termina preguntándose si estamos perdiendo el sentido común.
Lo ocurrido este domingo 11 de octubre en Córdoba, durante el Encuentro Plurinacional de Mujeres y Diversidades, me dejó una mezcla de tristeza, indignación y muchas preguntas.

Y aclaro, antes de que alguien interprete lo que no estoy diciendo: respeto profundamente el derecho a manifestarse, a reclamar y a pensar diferente. Son libertades que costaron demasiado como para ponerlas en discusión.
Pero una cosa es reclamar derechos y otra muy distinta es creer que esos derechos nos autorizan a pasar por encima de los derechos de los demás.

Porque las paredes de Córdoba no tienen la culpa de las injusticias del mundo. Sus edificios, sus espacios públicos y su patrimonio tampoco.
Y quienes hoy tienen que limpiar, reparar y pagar los daños seguramente no fueron consultados sobre las consignas que quedaron escritas.
Me pregunto qué clase de igualdad se pretende construir cuando se comienza por faltarles el respeto a los demás.
Pero hubo algo que también me llamó poderosamente la atención: las consignas.

Esas frases que se repiten, que se gritan, que parecen tener vida propia y que, en ocasiones, dejan la sensación de que importa más pronunciarlas que comprenderlas.
Se denuncia la opresión de las mujeres en Argentina y se levantan banderas de Palestina.
Y aquí quisiera detenerme. ¿Saben realmente cómo es la vida de muchas mujeres palestinas? ¿Conocen las desigualdades que enfrentan, las limitaciones sociales, las presiones familiares y las dificultades que muchas encuentran para ejercer plenamente sus libertades?
Porque por momentos pareciera que, al cruzar determinadas fronteras ideológicas, todo se transforma en Alicia en el país de las maravillas.

Y no. La realidad no funciona de esa manera.
Una mujer palestina merece exactamente el mismo respeto, las mismas libertades y las mismas oportunidades que una mujer argentina. Y merece también vivir sin el horror de la guerra.
No se puede hablar de derechos universales y después mirar solamente aquellos que coinciden con nuestras simpatías políticas.
Eso, al menos para mí, no es coherencia.
Y vuelvo a Córdoba.
Me cuesta entender cómo alguien puede reclamar respeto mientras daña aquello que pertenece a toda una comunidad.
¿Cómo se enseña igualdad desde la intolerancia?
¿Cómo se pretende construir una sociedad mejor destruyendo una parte de ella?
No quiero cometer la injusticia de responsabilizar a todas las participantes por los actos de algunas personas. Seguramente hubo miles de mujeres que se manifestaron pacíficamente, convencidas de sus reclamos.
Pero tampoco quiero caer en la comodidad del silencio para no incomodar a nadie.
Porque el vandalismo es vandalismo, aunque esté acompañado de una bandera, una consigna o una causa que se considere justa.
A veces pienso que nos estamos acostumbrando demasiado a exigir y demasiado poco a respetar.
Y quizás allí esté una de nuestras grandes contradicciones.
Nos llenamos la boca hablando de derechos, pero nos olvidamos de que enfrente también hay alguien que los tiene.
No pretendo tener la verdad absoluta. Simplemente intento conservar algo que considero indispensable para convivir: el sentido común.
Ese que nos recuerda que una ciudad no es un pizarrón donde cualquiera puede escribir su enojo. Que la libertad no es un permiso para destruir. Y que la solidaridad con las mujeres de otros pueblos debería comenzar por conocer verdaderamente sus realidades.
Porque defender a la mujer no debería depender de una bandera, de una ideología ni de la conveniencia de una consigna.
Y porque una causa, por noble que sea, no convierte automáticamente en noble todo lo que se hace en su nombre.
Tal vez haya llegado el momento de comprender que no todo lo que se grita se razona, ni todo lo que se pinta se transforma en un mensaje de justicia.
Al final, me queda una pregunta bastante sencilla:
¿De qué sirve reclamar un mundo más respetuoso si para hacerlo dejamos de respetar el mundo que compartimos?
Jorge Alacevich
Me parece excelente la nota de Jorge.
Convencido sobre la igualdad que debe existir en todos los aspectos de la vida entre mujeres y hombres y el derecho a manifestar por la defensa de los mismos, no da derecho a avasallar el de otros, ni a la violencia social.
Respeto por respeto, respeto si quiero ser respetado.