Mató a su madre y a su tía y en el juicio tuvo comportamiento de gato: sería el primer therian asesino

Mucho se está hablando por estos días sobre la subcultura therian (o teriantropos), que agrupa a personas que se identifican espiritual o psicológicamente con animales.

El tema es novedoso y genera todo tipo de opiniones aún cuando posiblemente será una moda pasajera, más cercana quizá a un entretenimiento infantil, en el que se prenden algunos adultos. Otros, quizá más astutos que un lobo, harán negocio vendiendo disfraces de animales.


Habrá que ver su evolución y permanencia, pero la subcultura therian podría ser la moda potenciada de usar patitos en la cabeza o auriculares con orejitas de conejo, todas ocurrencias derivadas de un mundo que ya no sabe qué inventar para incentivar el consumismo.

Atado a esto, en enero de 2019, hubo un caso que conmovió al país. Gilad Gil Pereg, un ingeniero electrónico israelí, fue condenado a prisión perpetua por matar a tiros y golpes a su madre Phyria Saroussy, de 63 años, y su tía Lily Pereg, de 54 años, en Guaymallén, provincia de Mendoza.

En noviembre de 2021 comenzó su juicio, en el que fue condenado a cadena perpetua. En varias oportunidades el hombre fue expulsado de la sala de audiencias porque… no dejaba de maullar frente a los magistrados.
“Me están intentando culpar a la fuerza. Quieren decir que yo hice cosas que yo no hice… Es fácil usarme como un target. Por eso, apenas hice la denuncia de que desaparecieron mi mamá y mi tía, enseguida empezaron a buscar la forma para acusarme a mí de su desaparición. Por eso, me hicieron tantos allanamientos en casa”, dijo al pronunciar sus últimas palabras previas al veredicto ante el tribunal que lo condenó.

Con maullidos de gatos o no, el fiscal Fernando Muzzo, encargado de acusarlo, no le creyó y consideró el crimen como “un asesinato despiadado”.
Los cadáveres de las israelíes fue descubierto el 26 de enero de 2019, cuando, luego de varios días de búsqueda por Mendoza, e incluso Chile, fueron hallados enterrados en un predio propiedad de Pereg, ubicado en calle Julio Argentino Roca 6079, de Guaymallén. Él mismo, bajo el seudónimo de “Nicolás”, había denunciado la desaparición de las mujeres ante la Policía de Mendoza. Con la ayuda de perros de la Escuela de Adiestramiento Canino (Escam), los investigadores encontraron primero manchas de sangre en la remera del imputado con ADN de una de las víctimas.
Lo que revelaron las autopsias fue grotesco: se hallaron orificios de bala y hasta heridas de entrada y salida con realizadas con hierros, heridas infligidas aún después de que se produjeran las muertes.
Los cuerpos presentaban un grado importante de descomposición, por lo tanto, los especialistas no pudieron identificar cuál cadáver correspondía a la madre o a la tía. Algunos huesos, como el de una mano, o un antebrazo completo, estaban al ras de la tierra, tapados entre piedras y tierra, en el predio donde Pereg vivía entre basura y bolsas de comida para sus mascotas.
La defensa del ingeniero pidió que sea declarado inimputable. El prestigioso psiquiatra forense Mariano Castex aseguró que Pereg sufría de licantropía, que no actuaba y que realmente se creía un animal. Maulló hasta el final, pero nadie le creyó. Para los jueces que lo condenaron era totalmente imputable.
Gilad Gil Pereg murió en la noche del 7 de julio de 2024 tras sufrir una descompensación en el hospital penitenciario de El Sauce, Mendoza. Durante su encierro nunca dejó de tener comportamiento de gato.