En 1937 nacía José Larralde, uno de los mayores exponentes de la música popular argentina
EFEMÉRIDE – POR JORGE ALACEVICH

El 22 de octubre de 1937 nacía en Huanguelén, Buenos Aires, el cantautor folclórico José Teodoro Larralde Saad, uno de los más destacados representantes de la música popular argentina.

Conocido simplemente como José Larralde, es un reconocido cantautor y poeta argentino que destaca en la milonga campera.
Es uno de los referentes más reconocidos de su género y de la música popular argentina. Su obra se caracteriza por su profunda conexión con la vida rural, la denuncia social y la reivindicación de los sectores populares.

Con una extensa trayectoria discográfica y un estilo auténtico, Larralde ha dejado un legado perdurable en la cultura popular argentina. Recibió en 1995 el premio Konex de Platino como el mejor cantante masculino de folklore de la década en la Argentina.

Nació en Huanguelén, un pequeño pueblo rural que se encuentra mayoritariamente en el partido de Coronel Suárez, pero ingresa levemente al partido de Guaminí, ubicado al suroeste de la provincia de Buenos Aires, Argentina.

Su padre, José Larralde Iribarren Machicote Berrotagaraicoechea, era un inmigrante vasco navarro oriundo de Aranaz, España, que llegó a Argentina en 1918 a la edad de 14 años. Tras trabajar como boyero en un tambo de Avellaneda, se estableció como peón rural en la Estancia San Lorenzo en Huanguelén, donde conoció a su futura esposa, Bibiana Saad, hija de inmigrantes árabes.

Su padre, luego de perder el trabajo en la estancia, se dedicó junto a su familia al comercio informal de chatarra y artículos de segunda mano. Era un hogar muy pobre, pero rodeado del cariño familiar.

Desde temprana edad, se familiarizó con las tareas del campo y desarrolló una profunda conexión con la naturaleza y el paisaje rural que lo rodeaba. Un día, alguien le regaló una vieja guitarra junto a una cocina en desuso. Ese instrumento se convirtió en el juguete y pasión preferida de José, quien a los 7 años comenzó a componer sus primeros versos, manifestando una inclinación innata hacia la poesía. Sus composiciones, de carácter crítico y observador, reflejaban los oficios, personajes y situaciones que encontraba en su entorno, retratando con autenticidad y crudeza la realidad cotidiana del ámbito rural.
A los 11 años, aprendió a tocar las notas de una milonga en esa guitarra regalada. En sus ratos libres, mientras realizaba diversas labores en el campo familiar, solía interpretar sus propias letras.
Durante su juventud, Larralde atravesó una etapa de desorientación y vida errante, durmiendo en andenes de trenes, embarcaderos y otros lugares públicos como cuenta en «Cimarrón y tabaco» del año 1971. Esta experiencia nómada, compartida con otros en situaciones similares, fortaleció su espíritu de independencia y su rebeldía ante las adversidades. A pesar de las dificultades, Larralde mantuvo su dignidad y su determinación por encontrar un trabajo honrado, valores que luego plasmaría en su obra artística. Finalmente, tomó la decisión de migrar a la ciudad en busca de mejores oportunidades laborales, iniciando una nueva etapa en su vida que marcaría profundamente su trayectoria.
Su poesía fue definida por periodistas de la época por estar cargada de realismo y crítica social, retratando las duras condiciones de vida del trabajador rural, las injusticias sociales y la explotación que sufrían los sectores más desfavorecidos.