En 1845 recibía plenos poderes Manuel López, el gobernador de Córdoba nacido en Pampayasta
EFEMÉRIDE – POR JORGE ALACEVICH

El 13 de julio de 1845 el gobernador Manuel López recibía plenos poderes con motivo de la invasión a la provincia de Córdoba por parte de tropas santafesinas al mando de Juan Pablo López. La Sala de Representantes investía al gobernador de la suma del poder público.

Manuel López (Pampayasta Sud, Córdoba, 1780 – Santa Fe, 1860) fue un ganadero y militar argentino, gobernador de la provincia de Córdoba durante 17 años, como aliado incondicional de Juan Manuel de Rosas.

Se educó en la capital provincial, pero vivía en su estancia del centro de la provincia, sobre el río Tercero. Era un hombre de trato rústico, aunque leía y escribía asiduamente. Su formación como patrón de estancia lo acostumbró al mando, y sus propios enemigos le reconocieron franqueza y rectitud en su justicia.

En 1817 fue la autoridad política del departamento Tercero Arriba, nombrado por el gobernador unitario Manuel Antonio Castro. En 1821, el gobernador Juan Bautista Bustos lo nombró comandante militar del mismo departamento y su misión era reunir tropas, evitar las correrías de los ladrones y frenar los avances de los indígenas de La Pampa.

Instaló la cabecera de su departamento en Villa Nueva, enfrente de la hoy ciudad de Villa María, y colaboró en la construcción de fortines y una escuela, obligando a los padres a enviar allí a sus hijos.
Estaba casado con María de los Santos Arias de Cabrera, descendiente del fundador de la ciudad de Córdoba.

Ante la anarquía, López se puso al frente de sus hombres y el 17 de noviembre de 1835 entró en la ciudad de Córdoba. No necesitó imponerse por la fuerza: enseguida la Legislatura lo nombró gobernador interino y el 30 de marzo de 1836 lo nombró titular. Su ministro general era Calixto María González, en quien delegó la gobernación en varias oportunidades.

Se dirigió al sur y pactó un tratado de paz con algunas tribus indígenas, pero masacró a una tribu que no quiso pactar. Durante el resto de su gobierno, sin embargo, debió soportar varios ataques de los indígenas ranqueles.
Ordenó el gobierno, aseguró la enseñanza primaria en varios pueblos del interior, cuidó mucho el sistema de postas de la provincia, que era vital para el comercio, liquidó los últimos pueblos de indios que quedaban en la sierra y levantó un censo de la población, que mostró que había 101.000 habitantes y 14.000 en la capital.
Solucionó los problemas que habían tenido los Reynafé con el obispo, pero sus relaciones con la iglesia nunca fueron buenas. Autorizó la entrada de los jesuitas y les devolvió una iglesia y un colegio que tenían en la ciudad, pero cerró el seminario y transformó su sede en casa de gobierno. Persiguió sin piedad a los unitarios, a los que encarceló con cualquier excusa, y les prohibió ejercer empleos públicos, que era lo mismo que había hecho Paz, y lo mismo que harían algunos sucesores de López años más tarde.
Cuando Facundo Quiroga fue asesinado en Barranca Yaco por orden de los Reynafé, Manuel López se decidió a enfrentar al caudillo santafesino Estanislao López y a sus aliados, los cordobeses Reynafé, éstos fueron derrocados y Manuel López ayudó a su captura.
Durante la década de 1840, López fundó el pueblo de Achiras, construyó un cementerio más grande en la ciudad capital y reabrió la Casa de la Moneda, en la que acuñó una escasa cantidad de dinero. En 1847 reformó la constitución provincial de la época de Bustos, sancionando lo que se llamó un “Código Constitucional provisorio de la provincia de Córdoba” por el cual se le otorgaba más poder al Poder Ejecutivo provincial.
Luego expulsó a los jesuitas de la provincia de Córdoba, pero sostuvo con fondos provinciales a la Iglesia católica, mientras que la Universidad de Córdoba, a pesar de las dificultades económicas, crecía notoriamente.
Manuel “Quebracho” López falleció en el olvido, en la Ciudad de Santa Fe, durante el mes de octubre del año 1860.