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Pagó para recuperar su bici de competición; las peripecias, negociaciones y acuerdos que hizo

Foto: Walter «El Negro» Correa con la bici que anoche le sustrajeron. Al lado, la imagen del ladrón, segundos antes del robo

El conocido ciclista riotercerense Walter «El Negro» Correa vivió entre anoche y la madrugada de este viernes 14 de junio intensas cinco horas de negociaciones con, a ver…, intermediarios de quien le sustrajo su bici, con amigos del ladrón, con quienes decían tener datos del ladrón, con quienes se hacían pasar por el ladrón y, casi seguro, con el ladrón mismo.


En el medio de su desesperación, también subió y bajó varias veces las escaleras de la Comisaría de Río Tercero para hacer la denuncia del hurto, para hablar una y otra vez con policías y para conocer y aceptar también por qué los efectivos no podían actuar solo porque él apuntara el lugar donde estaba su bici.


Desesperado, trepó tapias, se subió a techos y deambuló por distintos barrios con su teléfono ardiendo por mensajes y llamados que recibía. «Me expuse un montón, pero quería recuperarla», le contó a Diario Río Tercero.


A través de las redes sociales ofreció una recompensa para quien le devolviera la bici o le diera datos certeros de dónde estaba. Como sucede en estos casos, hubo distintas personas que le dijeron tener datos precisos.
Aparecieron esos que cada vez que alguien publica algo perdido, saltan enseguida pidiendo recompensas y ofreciendo datos. Ya son conocidos.


En la policía le dijeron que hiciera la denuncia y que durante la mañana podía conseguir que la Justicia activara alguna orden de allanamiento.
«Yo les dije (a los policías) que la bici tenía que aparecer esa misma noche, porque si no iba a ser vendida por pocas monedas». comentó Walter.
El Negro no paró. Buscó la bici con la mentalidad firme y positiva con la que corre carreras.


Anoche ingresó a un comercio de calle Belisario Roldán, en barrio Castagnino, entre Rafael Obligado y Güiraldes. A su bici la miraba desde el interior. La vidriera era amplia y le permitía tenerla a la vigilada. Vio que alguien se acercó y se subió. Por un instante pensó en una broma. Cuando vio que era un hurto, salió corriendo y por poco no alcanzó al malviviente.
Desesperado se subió al auto de un vecino del lugar y le pidió que siguiera una bici que ya no tenía a la vista. La persecución / búsqueda duró unas cuadras. Fue infructuosa.
Aunque el ladrón quedó filmado en una cámara de seguridad, fue difícil identificarlo porque iba con capucha, aún en una noche casi primaveral, y con un buzo holgado.
Enseguida ofreció una recompensa. Los llamados comenzaron a llegar y la oferta fue de 25.000 pesos. Estaba casi seguro de que los ladrones no conocían el valor de su bici, que causa espanto decirlo.
A la una de la madrugada, recibió un dato preciso. Alguien le dijo que la había comprado por 35.000 pesos solo para ayudarlo. El comprador se ofreció a entregarla en la policía y que allí le entregara le dinero. Quería transmitir confianza. Walter supone que ese fue el valor que el ladrón le puso al botín, a su bici.
Minutos antes le habían pedido 70.000 y él dijo que la bici no valía eso. «Me arriesgué un montón, y dije que no pagaba eso aunque por dentro me retorcía», contó.
Cuando creyó que todo estaba encaminado, le pidió a la policía que lo dejaran actuar solo.
Se fue a su casa y esperó al supuesto comprador de su bici. Cuando era aproximadamente la 1.30 de la madrugada, a su casa llegó un joven, con la cara descubierta y con su bici. Cruzaron pocas palabras, tensas, ninguna insultante. Walter entregó el dinero sin pedir explicaciones. Sí ofreció un consejo que posiblemente caiga en saco roto. Sintió el gran alivio de recuperar su bici e intentó dormir con peso de mantener en reserva todo el trasfondo de una noche oscura en la que tuvo un descuido de segundos.

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