¿Qué nos divide?

OPINIÓN – POR RODOLFO LEMOS ANGULO, ABOGADO

RODOLFO LEMOS ANGULO, ABOGADO

Decíamos en las semanas anteriores que nuestra Argentina viene de cien años en los cuales, desde lo económico, no lo hemos hecho muy bien. Con altibajos, pasamos desde 1921 hasta 2021, por escalones descendentes: país muy rico, país rico, país clase media, país con algunos pobres, país con 42% de pobreza. El progreso argentino del pasado fue descripto como el retroceder del desierto improductivo ante el avance del agro, la ganadería, los medios de transporte (ferrocarriles y caminos) y las obras de infraestructura como electricidad, gas y diques para agua potable. Se decía que la mejor inversión para el ahorro fruto del esfuerzo, era comprar campos de bajo precio, y “darles años” para que los caminos, la electricidad, las inversiones los valoricen. Aunque criticable por quietista, la idea de “darles años” implica un pre-concepto muy arraigado: el futuro será mejor que el presente, el precio de los campos en el futuro será superior al precio presente. SIGUE ABAJO

Uno de los grandes méritos de la generación de dirigentes posterior a Caseros (1852), fue contagiar a grandes mayorías populares la idea de mirar el futuro de Argentina con optimismo.
Incluso ese optimismo llegó a italianos, españoles y habitantes de otros países, que dejaron los hogares de sus padres y abuelos, para que sus hijos y nietos tuvieran un futuro más feliz en Argentina, país de paz y trabajo. Entre la guerra de criollos independentistas contra criollos pro españoles (cruenta “guerra de la independencia”) y la posterior guerra civil en la que los criollos independentistas triunfantes se disputaron el mando, para dar lugar a las guerras civiles de unitarios contra federales, se nos fueron más de cincuenta años (1810 – 1860). En esos cincuenta años, ningún extranjero se planteaba venir a vivir en un lugar lleno de odio entre hermanos. Una gran cantidad de desacuerdos entre independentistas y realistas, entre unitarios y federales, entre cristianos y aborígenes, fueron resueltos por la bestial ley del más fuerte. Luego de una transición (Mitre, Sarmiento) tuvimos propiamente 60 años de prosperidad y riquezas (1870-1930), y un gran optimismo sobre el futuro país de los argentinos, que contagió a millones de extranjeros, que decidieron venir a brindar sus vidas de trabajo, para que sus descendientes vivan mejor y así también enriquecer este suelo bendito. SIGUE ABAJO

Luego de una transición (1930-1950), Argentina claramente recae en su adicción al odio. Las discordias verbales se vuelven disputas sangrientas. Con altibajos y breves esperanzas, este nuevo período de odio, dura hasta hoy. El resultado de estos 70 años (1950-2021) de odios internos está a la vista. SIGUE ABAJO

Se equivoca quien crea que lo que nos divide es la disputa privatizaciones – estatismo, liberalismo o socialismo. Es un odio muy fuerte, demasiado visceral para ser puramente ideológico, odio feroz que ya nos esclavizó en el pasado (1810-1860), luego nos sanamos en parte, después recaímos en nuestra adicción al tóxico. Alguno me dirá que dividir la historia argentina en tres tercios llamados odio – amor – odio es un infantilismo. Es cierto que la realidad es mucho más compleja. Pero hay algo oscuro, que nos divide, y que sobrepasa ampliamente lo ideológico – político. SIGUE ABAJO

Nuestros campos son tan productivos como siempre. Nuestras fábricas están listas para trabajar 24 horas si hace falta, haciendo alimentos, vacunas, autos o aviones. Es también superficial decir que la discusión del rumbo ideológico del país es lo que abre la grieta. Si la Argentina fuese una persona, yo diría que el cuerpo está sano: es su alma lo que parece dañado.

Rodolfo Lemos Angulo

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