Macrotemas y microtemas

OPINIÓN – POR RODOLFO LEMOS ANGULO, ABOGADO

RODOLFO LEMOS ANGULO

A pesar de reconocer la polémica científica que rodea las vacunas anti covid-19 (por la carencia de estudios a cinco años sobre sus posibles efectos negativos), bastante entendible sin embargo, en un contexto de emergencia sanitaria; a pesar de mi desagrado por la polémica ética que rodea la investigación y en algunos casos la elaboración de los compuestos con líneas celulares extraídas de bebés abortados; a pesar de que leo con estupor la situación de que varios países europeos han suspendido la aplicación de la vacuna de Oxford – AstraZeneca (en algunos pacientes, la vacuna de AstraZeneca desata una reacción descontrolada de activación de plaquetas, usualmente dirigida a que una herida cicatrice, activación plaquetaria que genera la formación de coágulos de sangre en el cerebro). A pesar de que me causa desconfianza que primero me digan que la vacuna china Sinopharm sólo es conveniente para menores de 60 años, y días más tarde (quizás ante la escasez de otras opciones) digan que está todo bien aún para ancianos. A pesar de que me expliquen que el funcionamiento de la vacuna depende de la aplicación de dos dosis de compuestos diferentes (Sputnik V) o iguales (Sinopharm y AstraZeneca), pero luego, ante la escasez, me digan que casi que da lo mismo con una sola dosis. A pesar de estas dificultades, observo que si la actuación de nuestros líderes está dirigida a la preservación de la vida humana ante este desafío enorme, es urgente la fabricación propia de alguna vacuna anti covid-19.

Se ha señalado que, si bien no hay estudios precisos, se estima que la inmunidad que la vacuna contribuye a fabricar en un ser humano (los anticuerpos del sistema inmunitario) dura entre 12 y 24 meses. Siendo optimistas y suponiendo que todas las nuevas variantes del covid-19 (mutaciones) son también derrotadas por estas vacunas que ya están siendo aplicadas, y siendo que demoraremos aproximadamente 24 meses en aplicar las 90 millones de dosis a 45 millones de argentinos, parecería que caminamos hacia un futuro de vacunación constante, permanente.
En este contexto, parece urgente no estar dependiendo de proveedores de fuera del país. Seguramente nuestros líderes ya estarán procurando convenios de intercambio de tecnología, para que, en un futuro próximo, nuestros laboratorios puedan estar fabricando al menos las 200 mil dosis diarias que ya estamos aplicando en nuestros mejores días (el record fue el 11 de marzo pasado, con 179.628 dosis aplicadas).
Otro tema: Se llama Ramón. Dos o tres veces al mes toca el timbre de mi casa. Lleva una mochila, tijera, escoba y rastrillo. Barre la vereda, corta los pastos y limpia la cazuela del fresno del frente. Tiene unos 40 años. Me dice que tiene varios “clientes” en mi barrio y viene de lejos en colectivo. Barre, se lleva unos pesos y algún paquete de arroz o tallarines. Tiene cuatro hijos. En varias visitas, me fue contando que su esposa enfermó, quedó internada y murió. Sus suegros ahora lo ayudan con sus dos hijos más pequeños. Creo que hace al menos un año que conozco a Ramón. Microhistoria. Botón de muestra de que el sistema no está funcionando. Fabricar nuestras propias vacunas y dar un trabajo decente a Ramón. No creo que a Ramón le interese demasiado si Cristina va presa o no, o si Mauricio quiere volver. El futuro de Argentina dependerá de nuestra capacidad de fabricar vacunas, y de que muchas personas como Ramón y sus hijos, sean incluidos, abrazados en un proyecto de país, y miren el futuro con gozo y esperanza.

Rodolfo Lemos Angulo

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *